Colosenses 2:6-7
Por eso, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él,
arraigados y edificados en él, confirmados en la fe como se les enseñó, y llenos de gratitud.
Bendita sea la palabra del Señor que rompe las cadenas de la opresión, de la maldad, de toda esclavitud perversa que nos mantuvo por mucho tiempo atados al abismo, sumergidos en las tinieblas en las cuales no veíamos porque la venda del enemigo nos cubría la vista y no nos dejaba apreciar la luz divina de nuestro Señor Jesucristo que siempre estuvo atento a nosotros, esperando el llamado, esperando el clamor de nuestra alma que se sentía atada a los deseos de la carne y se dejaba llevar por ese laberinto de pecados por los cuales muchos de nosotros pensamos o llegamos a creer que ya no teníamos salvación, que nuestra vida había llegado a su fin, que ya no tenia sentido seguir viviendo.
Colosenses 3:12-14
Por lo tanto, como escogidos de Dios, *santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia,
de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.
Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto.
Pero llego el día en que fuimos recibidos por Jesucristo, rescatados de la muerte, levantados y vueltos a la vida y entonces fuimos adoptados por El como hijos suyos, dándonos la libertad, dándonos la oportunidad, de empezar una nueva vida llena de esperanza, llena de paz y tranquilidad, basados en el amor y la fe por medio de la gracia encontrada en la enseñanza de su palabra para nuestra edificación espiritual. Por eso, todos los que hemos sido adoptados como hijos suyos tenemos la obligación de cuidar de nuestros hermanos, de soportarnos los unos a los otros con dadivas de amor y procurando en todo tiempo de salvar al inconverso, de predicarle que nunca es tarde para lograr la salvación, pero que es necesario nacer de nuevo en agua y espíritu para ser reconocidos como hijos de Dios.
Juan 3:4-5
Nicodemo le dijo: ¿Como puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
Respondio Jesus: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espiritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Cuando nacemos de nuevo por medio del bautismo, nos damos cuenta que ya todas las cadenas han sido rotas, que ya no hay nada que nos impida el caminar por el sendero de la esperanza, por el sendero de la vida guiados por la luz divina de nuestro Señor Jesucristo, el cual derramó su sangre por nuestros pecados, para que cada uno de nosotros tenga la oportunidad de empezar de nuevo, de reestructurar su vida familiar, de reencontrarse consigo mismo y dispuestos a servir en obediencia y dejarnos gobernar ya que nosotros no lo pudimos lograr por nosotros mismos, ahora es El quien nos ha tomado de nuestras manos para guiarnos por el camino derecho, por el camino de la verdad, por el camino de la vida. Alabado sea Jesucristo.
Colosenses 3:15-16
Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo, a la cual fueron llamados en un solo cuerpo. Y sean agradecidos.
Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón.
Por eso es necesario que comprendamos que solamente perseverando en la palabra, escudriñando las escrituras y reuniéndonos como verdaderos hijos de Dios, para alabar y bendecir su nombre, para bendecir al pueblo de Israel, para bendecir a los gobernantes del mundo, para pedir por los más necesitados, por los que están en las cárceles, por los que están en las calles desamparados, por todos nuestros hermanos migrantes que andan por el mundo tratando de encontrar la felicidad, por todo hermanos, mantengámonos unidos como un solo cuerpo en el amor de Cristo, ya que es de la única manera como podremos derrotar al enemigo, venciendo cada obstáculo que nos ponga en el camino hacia la vida eterna. Dejemos que sea Cristo el que gobierne por medio de su palabra, nuestras vidas, nuestra alma y nuestro corazón, haciéndolo todo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo como está escrito en Colosenses 3:15-17:
Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.
Recuerde que Cristo lo ama y si vive en el valle de San Fernando y no tiene donde congregarse, llame al (818) 667-7341 y su servidor Ricardo Escobar le ayudará a encontrar la Iglesia evangélica más cercana a su domicilio para que empieze a recibir las bendiciones que el Señor Jesús tiene apartadas para usted.Dios los bendiga.